Una tasación no es una opinión: es una estimación razonada de lo que alguien pagaría hoy por una pieza concreta, en el estado en que está. Por eso dos piezas que parecen iguales pueden valer cosas muy distintas.

Qué mira el tasador

En una joya: el metal y su ley (los contrastes dicen si es oro de 18 quilates, platino o plata), el peso, las piedras —talla, color, pureza y peso en quilates— y el trabajo: una firma de casa conocida o una época buscada (art déco, años cincuenta) pesan más que el oro.

En un reloj: la marca y la referencia exacta, el año, el estado de la caja y de la esfera, si las piezas son originales, cuándo se revisó por última vez y si conserva estuche y documentación.

En una obra de arte: el autor y la certeza de la atribución, la técnica, las medidas, el estado de conservación, la firma y, sobre todo, la procedencia: de dónde viene y qué papeles la acompañan.

Tres valores distintos

  • Valor de mercado: lo que se pagaría en una venta normal entre particulares o en tienda.
  • Valor de reposición: lo que costaría comprar hoy una pieza equivalente; es el que suelen pedir los seguros y siempre es más alto.
  • Valor de venta rápida: lo que se obtiene si hay que vender ya; es el más bajo.

Pregunte siempre cuál de los tres le están dando.

Qué traer

La pieza, y todo lo que la acompañe: facturas, certificados de piedras, estuches, garantías, informes de restauración, fotografías antiguas. Nada de eso es imprescindible, pero cada papel quita una duda, y las dudas bajan el precio.

Cómo lo hacemos en Mercurio

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