Una caja de joyas heredada suele mezclar tres cosas: piezas con valor de mercado, oro que vale por su peso y recuerdos que no deberían venderse. El primer paso es separarlas, y no hace falta ser experto para empezar.

1. No limpie ni repare nada

Una limpieza casera puede borrar una pátina o dañar una piedra. Una reparación reciente puede restar valor a una pieza antigua. Tráigalas como están.

2. Reúna los papeles

Facturas, certificados, estuches con el nombre de una joyería, incluso fotografías familiares en las que la pieza aparezca: todo ayuda a fecharla y a darle procedencia.

3. Pida una tasación de todo el conjunto

Tasar pieza a pieza por separado lleva a vender primero lo fácil y quedarse con lo difícil. Un tasador que ve el conjunto puede decirle qué merece venderse como joya, qué como oro y qué conviene conservar.

4. Elija cómo vender

  • Venta directa: cobra en el momento; el precio es el de venta rápida.
  • Consignación: la pieza se ofrece al público al precio acordado y usted cobra cuando se vende, descontada la comisión. Tarda más y suele rendir más.
  • Por peso: para oro y plata sin valor como joya. El precio depende de la ley, del peso y de la cotización del día.

5. Si son varios herederos

Una tasación por escrito, pieza por pieza, permite repartir con justicia antes de decidir qué se vende. En Mercurio las emitimos para ese fin: pídala al traer el conjunto.

En Mercurio nos ocupamos de herencias y colecciones completas —joyas, arte, muebles y objetos— de principio a fin, y también de la consignación y la compra de oro y plata.